En un sillón, los accidentes casi siempre son los mismos: una taza demasiado cerca del borde, un rotulador olvidado, una mano de niño recién salida de la merienda. Con una tela, cada uno de estos incidentes trae la misma tarea: quitar la funda, poner una lavadora, esperar a que se seque y volver a colocarla. Con la polipiel no hay nada que quitar: la superficie es cerrada, el líquido se queda encima y basta una esponja húmeda.
Por eso es la opción evidente en tres situaciones:
- el sillón del cuarto infantil o de la sala de juegos
- el sillón del despacho, donde las bebidas calientes nunca faltan
- el sillón donde se acomoda un gato o un perro, porque el pelo no se engancha
A la vista, la polipiel da al sillón unas líneas más limpias que un textil: menos caída, más estructura. En una butaca club o cabriolé, el efecto queda especialmente bien, porque estas formas se diseñaron en un principio para el cuero.
Nuestra polipiel es flexible y ligeramente granulada. No se agrieta al doblarla y resulta agradable en contacto directo con el cuerpo, algo que no ocurre con todos los revestimientos de este tipo.
La medida se toma por fuera, en el punto más ancho: la funda sirve de 65 a 95 cm de ancho y de 70 a 90 cm de alto. Para limpiarla basta un paño o una esponja húmeda, con un poco de jabón suave si hace falta; ni lavadora, ni secadora, ni productos abrasivos o con disolventes. Tienes 30 días tras la entrega para devolverla o cambiarla.