Entre dos cubresofás del mismo tamaño, es el tejido el que marca la diferencia de caída y de tacto.
La chenilla tiene otra estructura. Es un hilo grueso, con las fibras sujetas en perpendicular al alma, lo que da un aspecto como de terciopelo y, sobre todo, una densidad que no tienen los tejidos planos. El cubresofá pesa más y cae con más amplitud.
Esa densidad aporta tres ventajas concretas:
- una caída pesada y amplia
- un tacto suave, cercano al del terciopelo, agradable en contacto directo
- un mejor aislamiento, que se agradece en un sofá situado cerca de una ventana
La chenilla también es agradecida con el uso: su relieve disimula las marcas y las huellas mucho mejor que una tela plana, algo importante en una pieza que se toca todos los días.
Dos cosas que conviene saber antes de elegir: la chenilla es más gruesa, así que tarda más en secarse, y su relieve retiene un poco más el pelo de los animales que un tejido plano. Basta con cepillarla, pero si tu perro duerme en el sofá, un cubresofá tejido te resultará más práctico.
Todos nuestros cubresofás miden 180 cm de ancho; el largo va de 90 a 420 cm en once tamaños. Mide el ancho del sofá de un brazo al otro, por fuera, y añade unos cincuenta centímetros para que caiga unos 25 cm por cada lado. Un cubresofá puede moverse: lo recolocas en un momento. Lavado a 30 °C sin suavizante, secado al aire libre, sin secadora. Tienes 30 días tras la entrega para devolverlo.