El polar ocupa un lugar aparte entre los cubresofás: cubre el asiento, pero también sirve de manta cuando te acomodas para la velada. Es el único de nuestros cubresofás que de verdad hace las dos cosas, porque es ligero y, a la vez, abriga en cuanto lo tocas.
Ese calor inmediato viene de la estructura de la fibra, que atrapa el aire: el polar no abriga por ser grueso, sino porque retiene el calor del cuerpo. Por eso es un cubresofá mucho menos pesado que uno de chenilla, con el mismo confort.
Tres usos en los que destaca:
- el sofá de la noche, donde el cubresofá siempre acaba sobre las rodillas
- la habitación de invitados, donde sirve de manta extra
- los lavados frecuentes, porque el polar se seca en pocas horas, cuando una chenilla necesita un día
Este secado rápido es una ventaja práctica de verdad: es el cubresofá que puedes lavar el lunes por la noche y volver a poner el martes por la mañana, algo importante cuando un niño o un animal lo usa todos los días.
Dos límites que conviene conocer. El polar retiene el pelo de los animales más que un tejido plano, y su ligereza, que es una ventaja en el uso, hace que se mueva más sobre el asiento: se recoloca en un momento.
Todos nuestros cubresofás miden 180 cm de ancho; el largo va de 90 a 420 cm en once tamaños. Mide el ancho del sofá de un brazo al otro, por fuera, y añade unos cincuenta centímetros para que caiga unos 25 cm por cada lado. Lavado a máquina a 30 °C sin suavizante, secado al aire libre y sin secadora: el calor apelmaza la fibra y hace que pierda su suavidad. Tienes 30 días tras la entrega para devolverlo.