En un sofá, los accidentes no se reparten por igual. Casi siempre hay una plaza: la del perro, la del niño que merienda delante de la tele, la de la taza. Poner ahí un cubresofá normal no protege, porque una tela absorbe.
El cubresofá de polipiel resuelve justo este caso. Su superficie es cerrada: ningún líquido la traspasa, aunque se quede varias horas. Lo pones sobre el respaldo y el asiento, lo limpias cuando hace falta y lo quitas en un momento cuando tienes visita.
Sus tres usos más habituales:
- la plaza donde duerme el perro o el gato, porque el pelo tampoco se engancha
- la plaza del niño que come o dibuja delante de una pantalla
- el sofá que hace de cama extra y que quieres mantener limpio
Aquí la polipiel tiene una particularidad: más rígida que una tela, forma menos pliegues en acordeón cuando te sientas, y sus pliegues hacen brillos donde una tela mate los absorbe. Ahí está su encanto, y conviene saberlo antes de elegir.
Eso sí: es una protección extra, no una funda. Cae sobre los brazos sin envolverlos, no toma la forma del sofá y puede moverse cuando te sientas: se recoloca en un momento.
Todos nuestros cubresofás miden 180 cm de ancho; en polipiel, el largo va de 130 a 420 cm en diez tamaños. Mide el ancho del sofá de un brazo al otro, por fuera, y añade unos cincuenta centímetros para que caiga unos 25 cm por cada lado. Para limpiarlo basta una esponja húmeda, con un poco de jabón suave si hace falta: ni lavadora, ni secadora, ni productos abrasivos o con disolventes. Tienes 30 días tras la entrega para devolverlo.